Sin conflicto no hay enfermedad: darse cuenta de ello es el primer paso hacia la curación.

Toda enfermedad es causada por un trauma emocional que nos toma desprevenidos, un trauma que vivimos en soledad y que no sabemos cómo resolver. La intensidad del trauma, la «connotación» de la emoción sentida cuando se ha producido, determinan el área del cerebro afectada, el órgano físico correspondiente y la gravedad de la enfermedad.

Con el fin de preservar la especie, el hombre ha desarrollado con el paso del tiempo programas biológicos de supervivencia que están grabados en su cerebro, en sus células.Cada vez que un individuo, en el curso de su existencia, se ve afectado por un trauma emocional que tiene las siguientes características:

– Es vivido de manera dramática

Tendrá consecuencias más visibles que una pequeña contrariedad

– Nos toma desprevenidos, cuando menos se espera;

– La emoción se impone a la razón;

– Es vivido en soledad, rumiando continuamente el problema (aunque todos saben lo que nos ha sucedido, nadie sabe lo que hemos sentido);

– No se encuentra una solución satisfactoria.

Entonces, y sólo entonces, entra en acción el cerebro poniendo en marcha un programa biológico especial para la supervivencia del individuo.

La intensidad del trauma emocional no tardará en determinar la gravedad de la enfermedad, mientras que el tipo de emoción sentida al comprobarse el trauma determinará la localización de la patología en el cuerpo.

La enfermedad es, pues, un desequilibrio simultáneo a nivel psíquico, cerebral y orgánico debido a un trauma emocional.

Por lo tanto encontrar la raíz de la enfermedad nos lleva a la curación.

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